viernes, 9 de enero de 2015

¿Capítulo final?

De una humorada cultural
Luis Barragan


La Asamblea Nacional sancionó la Ley Orgánica de Cultura en apenas dos sesiones, las del 6 y 13 de agosto de 2013. La arrogante bancada oficialista que desestimó las severas observaciones suscitadas por el proyecto, esperó inútilmente a la promulgación del instrumento por el Ejecutivo Nacional, temiendo cada vez más por una devolución que generara alguna consecuencia de carácter político interno.

A la postre, el temor se convirtió en una  prolongada  y flagrante humillación,  rematada por el  Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de Cultura, publicado en Gaceta Oficial de fecha 19/11/14. Subestimado y hasta despreciado el trabajo – urgido trabajo – de los funcionarios que se desempeñan en el parlamento, aparece tardíamente un texto que reafirma la supremacía de los funcionarios del gobierno, aunque todos ostenten o digan ostentar una misma camaradería.

Por lo demás, texto aún modificado que, a nuestro parecer, escapa de la habilitación presidencial. En tránsito la ley sancionada, le correspondía al Ejecutivo Nacional promulgarla o devolverla, contando la junta directiva del Legislativo  con tiempo suficiente para fijar las responsabilidades del caso de conformidad con lo establecido en la Constitución de la República.

Ratificando uno de nuestros temores, los escasos 40 artículos del instrumento  autorizarán la más variada, arbitraria y contradictoria reglamentación, y dejará a la intemperie materias como la cibercultura o la gastronomía que formaron parte de nuestras propuestas en  el seno de la Comisión Permanente de Cultura. Sin embargo, nos llama poderosamente la atención, provocando una estruendosa carcajada, la eliminación del llamado Fondo Cultural.

En efecto, planteado a última hora, entre una y otra de las aludidas sesiones, propusimos la formal eliminación del artículo que contemplaba la creación del Fondo Cultural, sustancialmente copiado de otras leyes como la de Deportes o Ciencia, Tecnología e Innovación.  Rápidamente, se nos acusó de agentes de los más grandes intereses fedecamaristas y paremos de contar los epítetos, pero ahora, es el propio gobierno el que dicta un decreto que nos da razón. Luego, con Aristóteles por el medio, Wittgenstein atravesado,  o el célebre libro de Copi que introduce al más pintado en la lógica, la conclusión no es otra: Nicolás Maduro es el agente.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/21385-de-una-humorada-cultural

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