sábado, 10 de agosto de 2013

Acosados

La cultura bajo acoso
Luis Barragán


Los problemas de la cultura venezolana son propios del proyecto totalitario en curso, aventajado por la manipulación y agudización de la mentalidad rentista.  La actual tramitación y segura sanción de una Ley Orgánica de Cultura, gozando de una generalizada indiferencia, así lo ejemplifica.

María Elena Ramos contribuye a la urgente comprensión del fenómeno, gracias a “La cultura bajo acoso” (Artesano Editores, Caracas, 2012).  Desinstitucionalizado, rehén del poder establecido y partidizado, como nunca antes ocurrió,  el sector cultural genera y, a la vez sucumbe, trastocando la pereza reflexiva en pereza moral, dejando de decir lo que piensa para dejar de ser lo que es,  aunque ha de creer, haciendo creíble y esperanzador su trabajo, incluida la responsabilidad difusora para levantarse y luchar (17, 25, 47).

Desde una cierta perspectiva arendtiana, la autora denuncia el problemario cultural, sugiriendo ideas extraordinariamente atractivas, como las del post-puntofijismo  y neobolivarianismo de renovado cuño romántico y nacionalista, conjugando algunas características del compromiso político post-moderno, o asomando la llamada utopía vengadora (70, 75).   Podemos sintetizar, situaciones y coyunturas aparentemente sueltas, están atadas por intenciones y pretensiones que merecen discutirse hasta lograr identificarlas y nombrarlas, habida cuenta – como señala Ramos – de la palabra devaluada, aún la que reclama una superior formalidad como la del legislador o la del juez (21), descaradamente supeditados.

La pérdida más visible de la cultura en Venezuela, es la de su institucionalidad, cuyo desmontaje luce ideológicamente revelador, facilitando el cercenamiento de las libertades (107, 124). Deducimos, poco importa la inexistencia de una política pública íntegra y convincente, porque se imponen la inmediatez y la discrecionalidad radicales de quienes, en última instancia, son los ejecutores y benefactores del presupuesto.

Desinstitucionalizado el sector, queda a la merced del mecenazgo populista que imponen las distintas y contradictorias relaciones de poder, aunque la condición de zar de la cultura que ostentó u ostenta Farruco Sesto, no debe equipararse a la del petróleo, con Rafael Ramírez.  Y, mucho menos, suponer un moderado y moderador vuelo autonómico, pues constituye un departamento alejado del cuadro político de prioridades que no necesitan explicar.

Y no lo necesitan, porque – a pesar de las generosas y abundantes consignas – el secreto radica en la pobreza del lenguaje y el pensamiento,  desconocidos o alterados  los valores, las tradiciones e historia, golpeadas la alteridad y el capital social (43), marcando las desavenencias entre cultura y autoritarismo (26 ss.). La partidización de la vida y la (auto) disciplina que provoca, es el secreto para subsistir,  sin irritar a los actores decisivos del poder: ¿por qué incurrir en el riesgo de escudriñar, embargados por el sentimiento-roedor (45)?

Lo refirió al principio: “necesidad de dejar testimonio, pero también la de intentar esclarecer” (10). Y ha logrado hacerlo, aunque ha de prometer otro libro.

http://www.noticierodigital.com/2013/08/la-cultura-bajo-acoso/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=980891

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